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MELANCOLÍA

MELANCOLÍA

“No hay melancolía sin memoria ni memoria sin melancolía.”

“La melancolía no es una tristeza, es la dicha de estar triste.”

“Tarde o temprano reaparece la tristeza, melancolía. La melancolía es necesaria, sin ella no habría felicidad.”

Y así podríamos estar horas… Estas son algunas de las formas de ver la melancolía. En la antigua Grecia se conocía como un estado anímico de depresión sin causa específica, caracterizado por falta de entusiasmo y predisposición a la actividad en general. El término proviene de la teoría griega de los cuatro humores, los cuales se desencadenaban por el desequilibrio de uno de los 4 fluidos corporales. Concretamente la melancolía correspondía a un exceso de bilis negra.

Aunque a nosotros nos parezca nada más que un estado de animo común, en mayor o menor medida, asociado a una vida que no se para en ningún momento y que no espera a que te subas al tranvía (como bien decía Sabina), para la perspectiva psicoanalítica, el término melancolía adquiere una importancia decisiva. Se trata de una de las subcategorizaciones de la psicosis. Así la psicosis se subdivide en paranoia, esquizofrenia y melancolía, caracterizada esta última por ser una posición subjetiva donde la relación con los objetos toma características de totalidad. Como rasgo característico se puede manifestar la alternancia con un posicionamiento maníaco, situación que muestras las semejanzas con lo denominado por la psicología y la psiquiatría como “trastorno bipolar”, a los cuales no quiero hacer referencia, al menos de momento.

Ha sido un sentimiento muy referenciado, desde la música (desde John Dowland en el siglo XVI), hasta la pintura en el siglo XV en el Renacimiento Alemán de Albretch Dürer (Alberto Durero) pasando por la literatura en el siglo XIX en el Romanticismo de Goethe. Todas las tendencias, modas y virtudes se han rendido siempre a este sentimiento.

Decía el gran Sabina:

“… vivo en el numero siete, calle melancolía.

Quiero mudarme hace años al barrio de la alegría,

pero siempre que lo intento ha salido ya el tranvía

y en la escalera me siento a silbar mi melodía…”

A todos nos ha pasado habernos sentido apesadumbrados ante algo, pensando que tiempos pasados eran mejores, que si no hubiéramos hecho aquello, o hubiéramos hecho lo de más allá… Todos hemos vivido este sentimiento. Es algo inexplicable, o al menos difícil de matizar. Por eso os dejo esta fotografía, una imagen vale más de mil palabras...

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